Las calles estaban abarrotadas de gente, por doquier los comerciantes anunciaban su mercancía con grandes gritos, intentando imponerse los unos a los otros en un desesperado intento de atraer la atención de los clientes. Nassir observo como esta escena se repitió a lo largo del día en el gran mercado, en aquellos días Acre había recibido una inusual remesa de nuevos y novedosos productos, así que los campesinos habían venido de los pueblos cercanos a la ciudad para obtener nuevas herramientas con las que arar el campo o simplemente curiosear por los puestos.
Ello obligaba a la guardia a aumentar el número de soldados en las calles con el fin de mantener el orden y evitar posibles robos, lo cual requería que la guardia se esforzase el doble y estuviese más atenta para socorrer a los ciudadanos. Nassir, a quien le habían ordenado que protegiese y vigilara el mercado junto con el mercenario Esteban, estaba particularmente aburrido, en todo el día solo había habido un hurto, producido por un niño que intento robar una barra de pan y que se saldo cuando Esteban pago el precio de la barra y dejo marchar al niño sin castigarlo.
- Parece que hoy vamos a tener un día tranquilo- dijo el veterano mercenario.
-¿ Tranquilo? Lo que vamos a tener es un día aburridisimo y sin ninguna actividad- respondió Nassir antes de vaciar su vaso de vino.
- Muchacho, esto si que es vida.
- Preferiría estar en el campo de batalla.
Cuando dijo esto, observo que Esteban miraba al suelo cabizbajo, pensativo, en los años que llevaba al lado del mercenario nunca lo había visto así. Desde que fue contratado para unirse a las filas de los protectores de la ciudad, el y Nassir habían sido uña y carne, practicamente eran como padre e hijo.
- Nassir, yo he estado la batalla y... ojala nunca tengas que estar en ese lugar, allí todos los hombres pierden algo aunque ganen la batalla- dijo Esteban.
- Lo siento... he vuelto ha hablar sin pensar, no quería ofenderte.
- No me ofendes pequeño, has dicho tu opinión y la respeto, pero yo prefiero el aire tranquilo de la ciudad y no el hedor del campo de batalla- dijo sonriendo el veterano-¿ Sabes? Las heces de caballo huelen peor que ese burdel al que vas tu.
Nassir sonrió ante la broma de su compañero, no era capaz de enfadarse con él. De repente un chillido de mujer les arranco de esa atmósfera de paz y tranquilidad y les devolvió a la realidad, y la realidad era la aparición de cinco hombres vestidos de negro, armados con espadas curvas y con los rostros cubiertos por capuchas y mascaras.
- En nombre de la guardia entregar vuestras armas y rendiros- dijo Nassir, con voz firme pero tranquila.
-¿ Y si nos negamos?
- Vosotros mismos- respondió Esteban- la prisión es un lugar acogedor para cinco alborotadores, y los torturadores suelen tratar con mucho mimo y cuidado a sus visitantes.
Dos de los cinco asaltantes se lanzaron sobre Nassir y Esteban, pensando que los podrían matar aprovechando el efecto sorpresa, lo que no pensaron fue que los dos guardias ya habían previsto esa maniobra y aprovecharon su carga para arrojarlos contra la fuente que se encontraba en medio de la plaza, el cuello de uno quebró y la cabeza del otro se estrello contra el borde la fuente, dejando una mancha de sangre a sus pies.
- Espero que vosotros seáis mejores- dijo Nassir, mientras desenvainaba su cimitarra.
- O que al menos duréis más- completó Esteban mientras hacia salir de su vaina a su querida espada de mano y media, Segadora.
Nassir cargó contra dos de los encapuchados, mientras que Esteban combatía al tercer hombre. Nassir dirigió un tajo horizontal sobre el pecho de uno de sus enemigos, llegando a cortar parte de la carne pero sin causar una herida mortal. El compañero del atacado intento atravesar la carne del abdomen de Nassir, pero la cota de malla del guardia evitó que la espada llegase a causar alguna herida. Nassir se dio cuenta de que uno de sus enemigos era más torpe que el otro y decidió aprovecharlo, concentro sus ataques en el rival que mostraba habilidades con la espada. El otro, al verse infravalorado por su enemigo, cargo a lo loco contra Nassir, este , que había estado esperando este momento, se aparto en el momento en que el encapuchado iba a ensartarlo con una estocada, la cual acabo alojada en el pecho de su compañero.
El consternado atacante no vio como la cimitarra del guardia se dirigía veloz hacia su cuello, hiriéndolo en las venas principales y provocando que este se desangrara. Nassir se giro para ver a Esteban victorioso, pero sus ojos vieron a su compañero apuñalado en el pecho por el atacante, el cual se había retirado la capucha, dejando ver su rostro. El joven guardia reconoció al traidor que meses antes había intentado quemar la puerta de la ciudad para dejar entrar al enemigo y al que Nassir había desfigurado al golpearlo con una antorcha en la cara.
Con un rugido de rabia, se abalanzo sobre el traidor y agarro su cabeza entre sus manos.Apretándola con fuerza comenzo a golpearla contra el borde de la fuente hasta que no quedo más que una masa sanguinolenta de carne aplastada, y machacada, y un cuerpo inerte y sin vida. Nassir abrazo al moribundo Esteban.
- Vaya chico, me temo que esto es un adiós- dijo el mercenario mientras notaba como la vida le abandonaba por la herida del pecho.
- No... no... no, no puedes morirte- dijo Nassir con el rostro bañado en lágrimas- ¡No!
- Pequeño... a todos nos llega la hora... mi miedo... era... morir lejos de un... amigo- Esteban cogió su espada y la puso en las manos de Nassir- pero... tu eres como... un... hijo.
El espíritu de Esteban abandono el mundo en el momento en que Segadora se poso en las manos de Nassir, siendo bañada por la lluvia de lágrimas que caían del rostro del hijo que había perdido a su padre.